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HERMES

Al empezar a pintar Moisés no podía imaginar que acabaría pintando una serie de esculturas, y menos aunque entre ellas habría mi estimado Hermes. Pero como dice uno de los principios inmutables de sus escritos: “todo efecto tiene una causa y toda causa un efecto”. Parece una frase hecha sencilla, pero es una de aquellas verdades que siempre tendré en cuenta para entender bien las consecuencias de nuestros actos, palabras y, incluso, pensamientos.


Hermes es uno de los dioses del Olimpo, protagonista de muchas historias de la mitología griega. A él se le atribuyen múltiples inventos y funciones: desde la invención del alfabeto, pasando para ser el mensajero de Zeus, hasta acompañar las almas al inframundo. También inventó los dados —por eso es el patrón de los jugadores—, así como varias modalidades de carreras, por el que acontece patrón de los atletas. Su estatua preside estadios y gimnasios. Además, es patrón de viajeros y comerciantes, y uno de sus símbolos más conocidos, el caduceo de Mercurio, es esculpido a menudo en edificios comerciales, en barcos y en infinidad de obras de arte para indicar que es él, Hermes, el personaje representado.


Una de sus historias más conocidas, que protagoniza con solo dos años, es el robo de ganado a su hermano grande Apolo. Por este motivo, incluso los ladrones lo adoptaron como patrón. Se le atribuía el do de la oratoria y la picaresca, y por eso me resulta uno de los dioses más simpáticos y bondadosos. Si encontraba un humano digno de su sabiduría, le revelaba los secretos divinos de la creación. Estos secretos serán la base de todas las filosofías ocultistas, esotéricas, místicas y metafísicas, de la alquimia y, más tarde, de la ciencia. Serán conocimientos custodiados por órdenes de caballeros y monjes, que aspiran a la comprensión y purificación del alma humana, y que solo transmitirán a aquellos que quieran iniciarse de verdad en el camino de la virtud.


Pintando Hermes he disfrutado muchísimo. Mi modelo ha sido una estatua de Canova, de una belleza espectacular. Dibujando los rizos de sus cabellos, he vuelto a entrar en aquel estado donde se pierde la noción del tiempo y los sentidos se agudizan. No siempre pasa cuando peines, pero estos estados se han convertido en el objetivo principal de la pintura: poder desconectar absolutamente de todo y de todo el mundo, para conectarte de verdad con el que estás haciendo. Y el premio, además de estos estados, es el resultado final de la obra empezada: mi tiempo ha quedado plasmado en uno cuadro que ahora decora mi restaurante y que me carga de energía cada vez que lo miro.


En la cultura egipcia, se le atribuyen los mismos dones, virtudes y funciones al dios Thot, con cabeza de ibis. Cuando Alejandro Magno  llega a Egipto, es proclamado faraón y funda la ciudad de Alejandría, donde empiezan a fusionarse las dos culturas y a sincretizarse las religiones. Alejandro nombrará como sucesor a su general Ptolomeo I, iniciando así una dinastía que gobernará Egipto durando más de 350 años. De esta dinastía forma parte la famosa reina Cleopatra. A partir de esta fusión, Hermes y Thot pasan a representar el mismo dios, conocido desde entonces como Hermes Trismegisto: Hermes el tres veces grande.


Se le atribuyen muchos escritos, pero los más conocidos son el Corpus Hermeticum, la Tabla Esmeralda, la Asclepius y lo Poimandres. Para los quién queráis adentraros en sus enseñanzas, recomiendo El Kybalion, escrito por los Tres Iniciados, donde se explican profundamente los siete principios herméticos.


Pintando lo cuadro, he ido viendo como estos principios se revelaban ante mí en diferentes etapas del proceso:


— El primero dice que todo es mente, que el universo es mental. Todo el que existe antes ha sido una idea, un pensamiento. El universo es una gran mente, y nosotros formamos parte, como una neurona dentro de un cerebro. Antes de ser materia, todo ha estado pensamiento… como este escrito o este cuadro.


— El segundo establece que como es arriba es abajo, y como es adentro es afuera. Uno cuadro refleja tu interior, se ve en el trazo, en la atención a los detalles, en la pulcritud de los colores. Todo el que hacemos habla de nosotros, aunque no digamos ninguna palabra.


— El tercero nos recuerda que todo es vibración. Absolutamente todo vibra.


— El cuarto habla de polaridad: todo tiene dos extremos. Estos dos principios me guiaron: primero pinté en blanco y negro, aplicando la polaridad; después, al aplicar el color, vi como las vibraciones cromáticas daban vida a una figura de mármol sobre tela.


— El quinto es el principio del ritmo. Todo tiene un ritmo, una frecuencia. Y este se ve en cada rizo de Hermes: pintar, parar, observar, volver… siguiendo el compás. Sin ritmo, nada se acaba.


— El sexto es el de causa y efecto. Ya lo he mencionado: estoy pintando Hermes porque empecé con Moisés, que hice porque me lo sugirió mi maestro Adolfo. Y Adolfo lo conocí hace 25 años por un amigo que conocí hace 35 años al llegar a Sitges… y así podríamos ir atrás hasta el principio de los principios.


— Y lo séptimo, el principio de generación, dice que todo el que existe es fruto de la unión entre la energía masculina y la femenina. Todos venimos de un padre y una madre: una energía creadora y otra de materializadora; una más idealista, la otra más pragmática. Somos la suma de las dos. Ser conscientes de esto y evitar los extremos nos centra. Podemos ser fuertes y delicados a la vez. Y cuando se unen dentro de nuestro, accedemos en un centro que no tiene nombre ni sexo, que es atemporal, y que lo observa todo como una unidad. Desde este lugar es desde donde podemos generar una nueva visión que dé propósito a nuestra existencia. Es en este estado que creamos con armonía y belleza, cosas que llegan al corazón y nos hacen decir, al observarlas: “Guau! De qué somos capaces los humanos!” Y quizás, admirando la perfección y la excelencia, te animas a emprender el camino hacia tú mismo, hacia ella, y empiezas a pulirte como un diamante capaz de absorber toda la luz y el conocimiento desde tu corona para proyectarlos con claridad y precisión hacia tus propósitos

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